

Somos de los que caminan para adelante, de cada día que concluimos nos queda apenas la fiebre, el eco, la resonancia en la nuca. Nuestra entrada en las mañanas, es una una entrada inocente como de recién nacidos. Soltamos, dejamos ir cosas irreemplazables, como los recuerdos de cuando eramos a penas niños. Y ahí se quedan para apagarse nuestros granitos de luz. Ni nos preocupa tampoco, porque mañana sera otro día. Llantos, angustia, dolor, son molestias que terminan donde nuestros pasos cortan la oscuridad. Por eso tal vez nos duela el amanecer, como un resabio de fiebre. Los recuerdos, los rencores ? todavía no somos viejos para eso, tenemos una fe intensa en la vida, y bocha de sueños.
Estamos en el destino, alegres, recién nacidos...
Te devuelvo las palabras que una vez me dijiste..